04 ☛ Organízate: Optimizar y gestionar tu tiempo de trabajo #ECDD

En este cuarto episodio de El Club del Dibujo te hablaré sobre un tema que afecta al día a día de un ilustrador. Lo tenemos que lidiar semanalmente para llegar a tiempo y no perdernos en los proyectos, las gestiones y la procrastinación. Hoy hablaré de: Organización – Optimizar y gestionar tu tiempo de trabajo.

En este episodio colaboran Carlos Higuera y Io Bru.

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Recomendaciones del programa:
· Proyectos Ilustrados
· Ilustaller
· Ilustrando Dudas

Canción de este episodio: Season of the Witch de Donovan

 

Transcripción del podcast:

En la transcripción del programa no incluye las colaboraciones de otros profesionales. Si quieres disfrutar de ellas, escucha el programa en audio.

Este es el cuarto episodio del Club del Dibujo, un podcast sobre el mundo de la ilustración y la profesión de ser dibujante. En el capítulo de hoy te hablaré sobre un tema que afecta al día a día de un ilustrador. Lo tenemos que lidiar semanalmente para llegar a tiempo y no perdernos en los proyectos, las gestiones y la procrastinación. Hoy hablaré de: ORGANIZACIÓN: Optimizar y gestionar tu tiempo de trabajo.

Este tema habéis sido varios lo que lo propusisteis. En concreto fueron dos: Maribel Lechuga y Rubén Megido, que me lo comentaron a través de Facebook. Maribel es una ilustradora de libros infantiles, y puedes ver su trabajo en www.maribellechuga.com. En cambio Rubén es ilustrador y diseñador gráfico que trabaja en un amplio abanico de proyectos. Pásate por www.rugido.es y descúbrelos. Los dos tienen unas obras muy interesantes. Muchas gracias Maribel y Rubén por proponer este tema, espero que os guste.

Pero antes de hablar sobre la organización de un ilustrador, concrétamente uno autónomo o freelance, te recuerdo que en este club venimos a contar nuestras experiencias y yo te voy a relatar la mía. No es una verdad absoluta. Es muy posible que no tenga nada que ver con la tuya o con la de otros, pero fue mi realidad. Espero que te sirva o encuentres lazos comunes en mi relato. Son conclusiones personales que nacen de preguntas y dudas, que normalmente me llevan a otras tantas.

La organización de un ilustrador es uno de los puntos clave para que este pueda trabajar correctamente. Siempre que me reuno con amigos y compañeros, el tema siempre aparece, ya sea de una manera directa o indirecta. Desde: “es que no paro de trabajar, no puedo librar ni fines de semana” al típico “Es que no me da la vida”. Y es que si no tienes claro cómo organizarte, qué rutinas crear durante el día y cuales son los perfiles de debes llevar como ilustrador, es muy posible que de pronto sientas que no llegas a nada y que estés con un overbooking de entregas inmediatas, que hayas olvidado algún detalle en los papeles de contabilidad o estés dejando de lado tu comunicación como profesional. Y esto te bloqueará como profesional y persona. Como dice el dicho, el tiempo es dinero. Y cada minuto que perdemos de nuestro tiempo profesional por culpa de una mala gestión o una mala optimización hace que seamos menos profesionales, ya que no conseguimos el beneficio adecuado por el esfuerzo dado.

Hay tantas formas de organizarse como profesionales. Hay algunos que se dejan llevar, que permiten que lo aleatorio les guíe. A otros les ayudan estructuras bien estudiadas por otros profesionales, de estudios de universidades o empresas. Sea cual sea la que uses, lo importante es que te funcione y te ayude a saber en todo momento donde te encuentras. Que cuando llegue el final de mes, hayas tenido tus ingresos, tus pagos y no hayas perdido el tiempo en tareas innecesarias y te quieras tirar por la ventana.

Te voy a contar como me lo planteé cuando empecé hace cinco años y como lo he ido evolucionando. Ya que la situación, el entorno y uno mismo va cambiando, y con ello, mi rutina. Los que me conocen saben que soy una persona despistada. No tengo déficit de atención, pero casi lo rozo. Además soy muy pausado y porqué no decirlo, un poco remolón. Si me dejas sin un rumbo fijo, o sin nada que hacer, por ejemplo, una tarde, lo más normal es que acabe durmiendo en el sofá. Soy como un perezoso. Por suerte soy consciente de ello, y sabiéndolo, cuando me lancé a ser autónomo, y además trabajar desde el estudio de casa, tenía miedo a perderme y no saber gestionar bien el día a día como profesional. Así que intenté coger todo aquello que aprendí en la agencia de publicidad donde trabajaba y llevármelo a mi nueva realidad. En las agencias de publicidad, por los menos las de tamaño medio o grande, hay tantos puestos de trabajos y tantos tipos trabajo, que se controla cada proyecto y cada hora empleada al milímetro. Cada minuto perdido en una reunión es dinero que pierde la empresa, y por eso las agencias invierten en métodos y estructuras internas de gestión y optimización de trabajo.

Durante siete años había trabajado en uno de estos puestos de trabajo. Y justo hacían eso: Exprimir mi producción y tiempo lo máximo junto a grandes equipos de profesionales para sacar adelante proyectos a marcas y empresas. Cuando tienes que responder a compañeros y clientes, no te puedes permitir el fallar. Todos debemos remar a la vez hacia el misma dirección. Pero entonces entra en juego el cambio hacia la ilustración. De tener unas horas de entrada y salida a una oficina a estar en el estudio de casa. (Aunque bueno, esto de salir a tu hora en publicidad es para hacérselo mirar, ya que era raro el día que salías a tu hora). De tener una obligación de responder delante de un equipo y a una organización con muchos profesionales, a recaer todo a mis espaldas y dar la bienvenida a la soledad del ilustrador. Por eso, tuve que ser cauteloso e intentar crear un ambiente o espacio parecido al que tenía en la agencia. Sabía que si me dejaba llevar, era muy posible que me perdiera en mi mismo cada día, y no fuera capaz de realizar ninguna tarea. La procrastinación asomaba debajo de la puerta del estudio.

Así que tome una serie de decisiones para controlar mi tiempo de trabajo. Y la primera, y más importante de ellas era el tiempo de trabajo: Quería trabajar como una persona normal: ocho horas diarias, cinco días semanales. Un total de 40 horas. No quería caer en el error de hacer más o menos horas. No quería ni trabajar fin de semana ni hacerlo por la noche, casi empalmando al día siguiente. No quería trabajar dos horas y el resto del día perder el tiempo en quehaceres de casa o recados que no tuvieran que ver con el trabajo. Si quería ser, y sentirme como un profesional, debía de tener una hora de entrada y otra de salida. Con mis pausas para almorzar, comer y descanso. Como si fichara en una empresa. Así que sabiendo que quería trabajar estas ocho horas, me ajusté el día a ello. Tenía que entrar a trabajar a las 9:00 de la mañana. Eso hacía que me tuviera que levantar a las siete para poder despertarme, ducharme, desayunar y arreglar la casa antes de ponerme a trabajar. Una pausa para almorzar a las 11:30 de 15 minutos; y al mediodía, sobre la 13:30 un break para a comer. A las 14:30 volver a trabajar hasta las 18:00. Y entonces para la jornada de trabajo. Puede parecer sencillo, pero en el día a día, las situaciones cotidianas te hacen perder mucho tiempo. Así que me puse de requisito esta estructura de tiempo. Era una manera de demostrarme que me estaba tomando en serio la profesión. Si conseguía entrar y salir a mi hora me demostraba que tenía en control sobre el negocio. Yo controlaba el trabajo, no me dominaba mi “yo perezoso”, por llamarlo de alguna manera.

Ganar la lucha del horario ya me ayudaba a propiciar una estructura mental correcta sobre estar trabajando en la ilustración. Pero queda muchísimo más. Organizarse no solo es ponerse un horario: es cumplir este horario y administrar los tiempos dentro de él. Y quiero comentaros que no solo el horario me ayudó. Tener claro el espacio de trabajo, darle forma y sentido a mi estudio en casa, que solo lo uso para eso: trabajar; me ayuda a separar mi vida laboral de mi vida normal. Pero eso, si quieres, lo hablamos en otro programa. Sencillamente hazme llegar tu comentario al respecto para que lo tenga en cuenta.

¿Pero Andrés, aún no tienes nada ningún cliente o trabajo para rellenar estas ocho horas, qué vas a hacer durante ese tiempo?

Si en algo tenemos que ser conscientes es que trabajar como ilustrador no solo es dibujar. No solo es producir una pieza. Hay mucho más detrás. Desde la comunicación que realizamos para darnos a conocer y llegar a posibles clientes; a los trabajo y tareas administrativas de presupuestos, facturas y demás burocracias que debemos realizar.

Os he dicho que me había marcado trabajar ocho horas diarias, pero ahora tenía que llenar esas horas en momentos productivos. Y cuando digo productivo no me refiero solo de producción de obra, sino ser eficiente y profesional. Estudie los diferentes roles que habían en la agencia de publicidad e intenté llevarlas al terreno del freelance. Así, pude definir cuatro áreas que tenía que tener en cuenta en mi día a día o para estructurar la semana. Estas eran:

· Trabajo para clientes: El tiempo de trabajo con el cliente. No sólo producción, sino comunicación, videoconferencias, facturas y todo lo demás.

· Comunicación y posicionamiento: Todo lo relacionado a las redes sociales, página web, portafolio, newsletter, proyectos propios para ser visible.

· Administración y papeleo: Todo lo que respecta a darse de alta de autónomos, presupuestos, facturación, gastos, ayudas y demás temas profesionales, como puede ser la gestión del espacio, la conexión a internet, equipos, licencias de programas y demás.

· Autoaprendizaje: Sacar tiempo para aprender y seguir creciendo. Tanto en técnicas, procesos, acabados, como mejorar cualquier ámbito que me repercuta a la hora de trabajar, por ejemplo, aprender idiomas o usos de herramientas de administración y trabajo.

Estas fueron las cuatro áreas que elegí al inicio, pero existen muchas más. Por ejemplo el tiempo que necesitas para ser docente, en el caso que hagas cursos o talleres. O el de producción propia, si tienes una marca o producto que vendes directamente al consumidor sin la necesidad de tener un encargo de una empresa. Ya con esto definido, tenía que bajarlo y darle forma para que se convirtieran en tareas diarias o semanales. Y como puedes comprobar, son muy genéricas o abarcan mucho. Por eso, intenté subdividir estas áreas o tareas en microtareas.

Algo que me di cuenta es que cuando iniciamos algo, ponemos muchas ganas en ello. Estamos motivamos y lo damos todo. Esta sensación de euforia nos sirve para lanzarnos, pero muchas veces detrás de esto nos trae un inconveniente: Nos ciega y nos da la falsa sensación que podemos con todo. Cargándonos con tareas muy amplias y pesadas que, pasado ese momento eufórico, nos pesan demasiado y nos desaniman. Dándonos la sensación que no podemos con ello. Y poco a poco, lo vamos dejando hasta que, de forma voluntaria o involuntaria, lo abandonamos. Para que esto no ocurra, lo mejor es ser consciente que cada tarea, por pequeña que nos parezca, supone mucho esfuerzo y trabajo. Ya simplemente el cambiar de una tarea a otra trae una pérdida de energía que tenemos que tener en cuenta. Por eso decidí crear microtareas, o dividir las tareas grandes en pequeñas acciones que pudiera ir haciendo durante toda la semana y que me ayudaran a cumplir un atarea más grande. Si las ocho horas definen el trabajo diario, la semana definirá la estructura de las diferentes tareas. Y para llevar estas tareas a buen fin, tenía que controlarlas y saber si las estaba haciendo bien, por eso marqué dos días de control: El lunes y el viernes.

El lunes, lo primero de todo era hacer una reunión donde estudiara y viera las necesidades de esa semana y me estructurara todas las macro y microtareas que tenía que realizar, como por ejemplo: Llevar papeles a la gestora, ir al banco, las entregas que tenía que realizar o las videoconferencias que estaban apuntadas en la agenda. La del viernes a última hora, era para analizar si todo lo que se había propuesto el lunes se había realizado correctamente. Ver cuales se habían cumplido y cuáles no. Analizar el porqué de cada una y aprender de esos errores para que el siguiente lunes no volviera a ocurrir. Esto parece una tontería, pero algo tan sencillo como una lista en un papel y dar prioridades a estas tareas te dan una buena visión de todo lo que llevas y, cuando miras las listas de semanas atrás, puedes ver una pauta de trabajo propia y ver debilidades que puedas tener. Como por ejemplo, se consciente de ese proyecto personal que quiere hacer, pero que no sale por alguna razón. O ese cliente que debía haber acabado con él hace tres semanas pero sigue aún dando vueltas. Y todo esto es tiempo y energía malgastada. Teniendo estas dos reuniones de control, ya pude marcarme las tareas. Por ejemplo, y una de las más problemáticas: La comunicación en redes sociales. Instagram, Facebook, Twitter, e incluso incluso portales de portafolio como Behance, Domestika o Dribbble. Si no tenemos cuidado, nos pueden absorber el día completo. Por esto su uso, a mi parecer, debe ser restringido.

Ponte unas horas (o más bien minutos) concretos para poder acceder a ellas y socializar digitalmente. Tan malo es estar todo el día con el facebook abierto, como no abrir instagram durante dos semanas. Tenemos que ver estas redes como lo que son: herramientas comunicativas para ser más visibles y que ello nos traiga más encargos. Hay que intentar que tus cuentas personales, que no tienen nada o poco que ver con la profesión, te quiten tiempo de trabajo. Si quieres disfrutar de tu “yo personal y digital” déjalo fuera de las ocho horas de trabajo. ¿O es que cuando trabajas en una empresa también entras en tus perfiles personajes? Pues aquí lo mismo. Se que a lo mejor suena un poco duro, pero personalmente pienso que la procrastinación siempre está ahí acechando, y las redes sociales es un agujero negro de tiempo. Ser cauteloso y disciplinado nos ayudará a dedicar el tiempo a tareas más importantes, aunque puede que menos ociosas. Y esto me lleva a una herramienta, que aunque nos facilita muchas cosas, tiene un lado malvado y es un pozo de perdición de la producción: El móvil. El celular. El Smartphone.

Ese aparato que te brinda pequeñas dosis de redes sociales, videojuegos, llamadas, emails y demás contenido que te distrae. Es un dispositivo que te consume muchos minutos de tu día. Por eso, y casi desde el principio decidí tener el móvil en silencio, y además, alejado de mí mientras trabajo. Llegando a dejarlo en otra habitación para no caer en la tentación de “va, solo una miradita a esa notificación de twitter”. Intenta recapacitar sobre ello y piensa en toda la atención que le dedicas al móvil. No solo en el factor tiempo, sino como te crea una necesidad mental de verlo continuamente. Tu cabeza tiende a mirarlo, a estar atento a las notificaciones que te van a llegar. Te rompe la concentración de lo que estés haciendo y te crea una dependencia hacia él. Por eso, recomiendo ser tan drástico: ponte unas horas de consulta: Antes de entrar a trabajar, al inicio de jornada, en la pausa del almuerzo o al final del día. Pero nada más.

Pero entonces Andrés ¿cómo revisas los mensajes, notificaciones y la comunicación online?

Sencillamente no lo hago. Suena raro, pero estar atento a si uno me contesta, que si dan like, que si llega un mail (si los email también entran aquí) te desconcentra y es improductivo. Para esto se crean las minitareas. Por ejemplo: los martes y jueves, de 11:00 a 11:30, revisión de comentarios, proyectos y demás de Behance. O el mismo correo electrónico. Le damos una prioridad a los correos que no tienen. No es necesario estar actualizando el buzón en cada momento. Ponte unas horas para revisarlos, por ejemplo, dos veces por la mañana y otras dos por la tarde. Y asígnale tiempo para ello. Así leerás y responderás todos los correos de una, ahorrando el tiempo de cortar a mitad una tarea para ir a ver los mails. Cambiar el modo de trabajo que tengas ese momento activado en tu cabeza y el tener que volver de nuevo a la siguiente tarea es algo tedioso y nada productivo. El tiempo es la clave. Siempre creemos que tenemos mucho tiempo, pero no es así .El tiempo se pierde entre tarea y tarea; y para entrar en ellas, necesitamos un tiempo de acople o de inicio. No entras a dibujar a primeras, hay un proceso de tiempo que necesitas para concentrarte y hacer la tarea correctamente. Por eso, si tienes muchas distracciones o cortes en la tarea que estás realizando, es muy posible que algo que te podría costar hacer una o dos horas, te lleve cuatro, cinco horas… o incluso todo un día!

Todo esto que te cuento es muy difícil de implementar de un día a otro. No te voy a mentir, actualmente yo mismo tengo siempre el correo abierto, y veo que llegan correos, pero intento no llevarme por mi lado animal de ir a ver el nuevo correo de manera automática. Todas estas tareas y mejoras de optimización se tienen que ir haciendo poco a poco. Pasito a pasito. La idea es que se conviertan en rutinas. En procesos casi automatizados. Si te acostumbras a no tener el móvil cerca, o no mirar los correos ten cada instante, al final será la norma, y te será super sencillo no centrarte en ellos en horas no asignadas para ello. Todo lo que se convierta en rutina, es una meta ganada. Cuando controlar los gastos, facturas, y papeleo sea algo que le dediques el, por ejemplo, jueves tarde, durante dos horas, y así sea durante seis meses, hacerlo será natural y no supondrá un esfuerzo. Sencillamente lo harás. Será parte de lo que tienes que hacer. Lo más difícil es el inicio, ese mes o mes y medio donde tienes que ajustar y casi obligarte a hacer estas tareas.

Las primeras dos semanas yo iba muy muy loco. De una tarea a otra como pollo sin cabeza. Además, como no tenía experiencia, no sabía bien las horas que me costaría cada una de ellas. No era consciente de los tiempos. Hasta que no pasó un mes, o incluso más, no sabía cuánto tiempo aproximado perdía en cada tarea. Y ya sea porque soy muy despistado, por mi dislexia o por lo que fuera, muchas veces no podía concentrarme en una sola tarea, así que decidí usar una técnica de trabajo que usaba cuando tenía que escribir código cuando trabajaba en el ámbito del diseño interactivo: La Técnica Pomodoro.

Esta técnica es un método de gestión del tiempo que puede ayudar a que tu productividad sea mayor. Hay muchas variantes de la técnica, pero os describo una de ellas. Se llama pomodoro por que significa tomate en italiano, y que hace referencia a los temporizadores con forma de tomate que se usan en cocina. Con este temporizador se divide el tiempo en intervalos indivisibles de 25 minutos de trabajo, seguidos de 5 minutos de descanso, con pausas más largas cada cuatro intérvalos.

La mecánica básica es la siguiente:

1. Decidir la tarea o actividad a realizar
2. Poner el temporizador
3. Trabajar en la tarea de manera intensiva hasta que el temporizador suene (sobre 25 minutos)
4. Hacer una marca para anotar qué pomodoro se ha completado
5. Tomar una pausa breve (5 minutos)
6. Cada cuatro pomodoros, tomar una pausa más larga (20 minutos)

El método se basa en la idea de que las pausas regulares pueden mejorar la agilidad mental y nos motiva a ofrecer una respuesta eficaz frente a la falta de tiempo, en lugar del estado de ansiedad que suele provocar el “devenir” del tiempo que tenemos. Además, al prevenir la multitarea, ayuda a alcanzar un estado de foco más elevado, que se hace sostenible gracias a las pausas regulares. Ya te digo que para mi, uno de los grandes males de los profesionales actuales es la idea de que la “multitarea” es buena. Para mi es malísima y supone una pérdida de tiempo y calidad. Pero esto mejor lo dejaremos para podcast dedicado a ello. Para mi la Técnica Pomodoro me ayuda a ser más eficiente y tener unos momentos de trabajo con una concentración profunda. Si es verdad que poco a poco fui quitando elementos, como el propio reloj o el ir apuntando las pausas, ya que convertí en rutina este método, y fui adaptándolo a mi yo personal, ampliando esos 25 minutos a 45, y los descansos administrados para rutinas de consulta, tipo ver correos o otras tareas menores.

Y como esta, hay más técnicas. Yo usé la del pomodoro porque ella está muy relacionada con el mundo del desarrollo, pero estoy seguro que si investigais encontraréis otras igual de válidas. Incluso existen aplicaciones para controlar esos tiempos de producción, y porqué no, para ayudarte con las tareas, proyectos y gestión interna de tu trabajo. Personalmente amo todo el entorno de google, desde el calendar, al drive, gmail, docs y demás, pero para gestionar y trabajar con clientes uso trello, skype o slab. Aunque no lo he usado, últimamente veo muy destacable el uso de herramientas como Asana y HourStack. La primera, Asana, sirve para gestionar tareas y proyectos de equipo, como por ejemplo un cliente o con proveedores. Y HourStack es una herramienta que se integra en Asana para controlar concretamente el tiempo que dedicas a cada tarea. Como te he dicho, no he usado esta herramienta, sobretodo porque es de pago, pero puede ser de mucha ayuda si veis que el control del tiempo se os pierde por algún lado.

Y me he dado cuenta que al final no te he explicado de forma general como dividí mis tareas. Sencillamente dividí los días en grandes bloques de trabajo. Mañanas y tardes. En cada una de ellas dedicaría una tarea pesada, para centrar esfuerzos y dejaría otras más livianas antes y después de las difíciles. Cada día puede ser diferente, ya que la toma de decisión de los proyectos la realizo semanalmente. Pero os dejo un ejemplo de un día cualquiera, por ejemplo un martes sin urgencias: al principio revisaría el correo y redes sociales de forma genérica. Entraría a producir para un cliente, pondremo de ejemplo un cartel. Haría una pequeña pausa para revisar mail y descansar. Continuaría con el cartel. Pararía a comer y cambiaria a una tarea intensa, pero menos fuerte que el cartel de la mañana, por ejemplo, preparar un proyecto para subirlo a la web y las comunidades de portafolio, con pequeños cortes en alguna red social en concreto o para responder mails. Y es que si focalizo mi energía a un solo trabajo, rindo mejor. Saltar de una tarea a otra desgasta y te hace perder la concentración. Por eso opto por poner por las mañana, cuando aún no estoy cansado del día de trabajo, el proyecto más pesado y que me llenará más al finalizarlo.

Es bueno ponernos pequeñas metas diarias, realistas, que nos brinden un alegría al conseguir acabarla. Esto no significa acabar por completo, por ejemplo, el cartel que os he dicho antes. A lo mejor es sacar esa mañana los bocetos o la estructura del cartel. Incluso tener la aprobación por parte del cliente. Siempre hablamos de microtareas. Y conseguirlas nos quitará estrés y nos dará fuerzas para seguir adelante y acabar la macrotarea de manera eficiente. Pero si te soy sincero, estas rutinas con el paso del tiempo han cambiado. Con el día a día, los nuevos aprendizajes y los clientes, e ido mejorando, evolucionando mi rutina y optimizando el modo de trabajo. Y ahora ya no me cuesta mantener esa estructura.

Antes tenía que sentarme y pensar muy bien lo que tenía que realizar. Ahora, cuando la obligación se ha convertido en rutina, nace sola, sin pensarlo. Llegado a este momento es más fácil ser flexible y saber ajustar la semana según los proyectos y necesidades. Incluso cuando entran urgencias. Que esa es otra. Algo malo de tenerlo todo demasiado controlado, es que a veces, la naturaleza de nuestro trabajo, puede traer alguna urgencia o sorpresa de último momento. Si no somos flexibles, por lo menos mentalmente hablando, no permitiremos que estas urgencias, que son eso, urgencias y solo ocurren pocas veces, entren y seamos capaces de abarcarlas de manera correcta, llevándonos a un posible bloqueo.

Tenemos que aprender a ser dedicados y ser tenaces con nuestro horario y tareas, pero ser lo suficientemente flexible e inteligentes para saber catalogar las urgencias e identificar realmente las verdaderas, dándoles la prioridad que se merecen. Tenemos que encontrar ese equilibrio, que nos hará mejor profesionales. ¿Cuál es ese equilibrio? No es nada fácil saberlo, cada profesional es diferente y tiene rutinas profesionales. Y porqué no decirlo, unas rutinas vitales diferentes.

Por ejemplo, yo no soy un animal nocturno. Soy bastante marmota y trabajo mejor de día, pero no muy pronto. Soy más productivo a partir de las 9:30 o 10:00 de la mañana. Así que que ponerme antes a trabajar no vale para mucho. Igual ocurre por la noche, a partir de las 18:00 mi productividad baja muchísimo, siendo cada hora de trabajo como 3 o 4 de una hora matinal. Y está genial saber esto para poder trabajar mejor. Pero hast que me he conocido, he pasado mucho tiempo y pruebas. He tenido épocas de trabajo nocturno, casi hasta las 22:00 de la noche, entrando a trabajar sobre las 11:00 de la mañana. Por suerte solo fueron unas semanas y lo deseché enseguida. También todo lo contrario. Levantarme a las 6:00 de la mañana para poder rascarle al día y acabar sobre la 16:00 de la tarde. Lo que pasaba aquí es que aunque el inicio de día era genial por el entorno calmado y relajado, mi parte marmota hacía que me costara arrancar muchísimo, y no era todo lo productivo que quería. Además, a las 10 de la noche ya estaba cayéndome de sueño, lo que me daba poca vida social o de pareja, que es algo que valoro mucho. Al final, y como estoy ahora, es levantarme de 7:30 a 8:00 y entrar a trabajar de 9:30 a 10:00, permitiéndome esa media hora de baremos según las circunstancias. Acabo mi jornada sobre las 18:00 de la tarde, pero muchas veces me permito acabar antes, sobre las 17:00, si veo que ha sido un día intenso, o acabar más tarde sobre las 19:00 o 20:00 como mucho, si veo que ha sido más suave y así voy adelantando muchas microtareas.

Aquí quiero hablaros de algo que hice en el año 2017. Siempre he pensado que a partir del quinta hora trabajada de seguido, nuestra productividad bajaba considerablemente. Sabiendo que vienen ocho o más horas de trabajo, vayas estirando tu energía y tu producción baje para aguantar toda la larga jornada. Para decirlo de otro modo, pensar que tenemos una carga diaria de concentración, la cual gastamos con nuestros proyectos. Esta carga, al inicio del día es del 100%. Pues si trabajamos ocho horas, el cuerpo intenta que esa carga dure las ocho horas. Por eso, intentamos no quemarnos mucho y aguantar. Por esa regla, si en vez de ocho, trabajara la mitad, cuatro, y usara la misma cantidad de energía, en principio debería poder producir lo mismo. Y eso justo eso lo que probé ese año. En 2017 ya llevaba tres años de experiencia con mi organización y rutina. Sabía cómo poder modificar mis hábitos para ser más productivo. Así que en vez de plantear la jornada en ocho horas, me la reducí a cuatro. Para ello eliminé muchos procesos. Solo un tipo de trabajo al día. Sin redes sociales. Sin móvil. Casi sin internet. Sin distracciones.

Era entrar en el estudio y cambiar el chip. Cuando se cerraba la puerta debía centrarme al 300% de mi capacidad. Al principio costó, y era todo muy cuesta arriba. Pero a partir del segundo mes pude ajustarlo mejor. Y para mi sorpresa fui mucho más productivo que de normal. La verdad es que llegué a sacar casi lo mismo que trabajando 8 horas, ya que las jornadas eran muy, muy intensas. Me dejaban exhausto. Lo bueno es que al tener más tiempo de ocio y relax, podía descansar lo suficiente cada día y no note mucho el cansancio. La verdad es que la mente la tuve bastante más despejada e incluso me notaba más creativo y lúcido, ya que tenía más inputs de fuera del estudio. Fue un año bastante sorprendente y que me enseñó muchísimo de mi mismo y del trabajo que realizo. En 2018 volví a mi rutina completa. Volver a tener ocho horas hizo que de pronto tuviera mucho tiempo extra, o que me tomara los tiempos de otra manera. Sabiendo cuándo meter más presión o descanso. En definitiva, conocerme para ser más o menos productivo según la ocasión. Te preguntarás porqué no seguí con la media jornada de trabajo. La verdad es que había algo malo en ella, y era que, aunque me permitía llegar a cumplir con clientes y trabajos, cierta parte de la labor de profesional, sobre todo la que respecta a comunicación, tuve que reducirla bastante, lo que me llevó a que estuviera menos presente en ciertos ámbitos del sector o en internet, notándose a final de año una bajada de entrada de presupuestos que tuve que lidiar y esforzarme en 2018 para conseguir de nuevo levantarla.

Es una experiencia que recomiendo a todo profesional que lleve ya años trabajando y quiera aprender otro tipo de rutinas y cambios. Te demuestra que realmente, cuando creemos que estamos al 100%, realmente estamos al 60 como mucho. Y si apretamos adecuadamente, podemos dar más de nosotros mismo sin quemarnos. La finalidad de todo esto es sencillamente producir y trabajar de una mejor manera. En definitiva, ser un mejor profesional.

Y para acabar, os hago un pequeño resumen de cinco puntos de lo que recomendaría para organizarme mejor:

1. Establece unas horas de trabajo.
2. Define tus tareas y comienza a implementar procesos de trabajo adecuados a ti.
3. Conviértelo en rutina.
4. Analízalo, cámbialo y mejóralo.
5. Empieza de nuevo con todo lo aprendido.

Con este proceso siempre estarás en constante evolución y adaptándote a tu nuevo “yo” profesional y personal.

Y hasta aquí este episodio de El Club del Dibujo ¿Te ha gustado el programa? ¿Te parece interesante mi forma de organizarme? ¿Organizas tu trabajo?¿Qué métodos usas tú para optimizar y gestionar tu tiempo?

Si te ha gustado, recuerda dar una estrellita, un like, una recomendación o un comentario en la plataforma donde nos escuches. Esto hará que el Club del Dibujo sea más visible. Incluso puedes compartirlo o hablar de él entre amigos y redes sociales. A más gente conozca este club, más interesante será vuestro feedback. Te lo agradecería muchísimo.

Para poder mejorar y hacer de El Club del Dibujo un lugar mucho mejor e interesante hazme llegar tus comentarios. Te animo a que me lances un tema directamente como hizo Maribel y Rubén y así crear programas interesantes para todos. Yo espero hablar sobre varios temas: sobre la profesión (tarifas, el mundo freelance, el valor de nuestro trabajo). Sobre nosotros mismos: (la crítica a nuestra obra, los bloqueos creativos, la motivación o el miedo).

Incluso entrevistas o colaboraciones. Pero si quieres que hable de un tema en particular, o alguna duda que tengas, envía un mail a elclubdeldibujopodcast@gmail.com. Prometo leerlos todos y que seas parte del podcast. Incluso si te te atreves a participar en un programa conmigo, contacta y lo hablamos.

Toca el momento de la recomendación. En este episodio ya te he recomendado dos plataformas que ayudan a los profesionales a encontrar contenido del mundo de la ilustración: Ilustaller e Ilustrando Dudas. Y para cerrar el trimonio de la ilustración y el dibujo, os voy a recomendar Proyectos Ilustrados, un portal lleno de artículos y noticias relacionadas con las ilustración y sus técnicas de producción y de mercado. Yo la descubrí gracias a Alberto Albarrán, que escribe en él y es un buen sitio para instruirse. Desde uso de técnicas, a recomendaciones de libros avisos de concursos y convocatorias. Podéis acceder a través de www.proyectosilustrados.es

Ah! te quiero recordar que El Club del Dibujo está en las redes sociales más populares. Pues si entras en nuestra página de facebook, podrás encontrar en él un grupo de facebook, donde voy publicando cada episodio para que lo hablemos entre todos. Allí además puedes presentarte y mostrar tu trabajo. Además de proponer mejoras o temas para el Club. Espero que poco a poco seamos más y crear un entorno amigable para resolver dudas y ayudarnos entre nosotros.

Y me vas a tener que disculpar, pero ya se está haciendo tarde. Tengo que subir unos concepts a trello para que el cliente me dé el visto. Que uno tiene que ganarse sus lentejas. Si quieres, quédate un rato más, estás en tu casa. Pero recuerda cerrar la puerta al salir. Vuelve cuando quieras y conversaremos otro ratito. Te dejo con “Season of the Witch” de Donovan. Espero verte pronto. Nos escuchamos en El Club del Dibujo.


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